Gran Muralla China – La Gran Obra de Ingeniería Mundial

Gran Muralla China: El viento otoñal levanta gemidos, / mientras que marchamos lejísimos miles y miles de millas. / ¿Marchando miles y miles de millas con qué fin? / A través del desierto reconstruimos la Gran Muralla. / Mas esta no fue idea Nuestra, / fue construida por sabios emperadores del pasado: / Establecieron acá una política que va a durar miles y miles de siglos, / para asegurar las vidas de sus millones de súbditos. / ¿De qué forma podríamos,

Gran Muralla China

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puesto que, evadirnos de estas preocupaciones, / y reposar en paz, desentendidos, en la capital?».

Gran Muralla China

Este poema compuesto por el emperador Yangdi a principios del siglo VII de nuestra era nos recuerda lo que fue entre las grandes preocupaciones de los emperadores chinos: la defensa de la frontera septentrional del país a través de una «Gran Muralla» que debería perdurar «miles de años». No obstante, este género de estrategia protectora fue solo entre las que empleó el Imperio del Centro en las alterables relaciones que sostuvo con los pueblos de las estepas.

Desde el siglo IV a.C., las estepas al norte de China fueron ocupadas por pastores nómadas. Estos dependían de sus vecinos sedentarios del sur para conseguir todo cuanto no les daba la estepa, sobre todo productos agrícolas con los que llenar una nutrición basada en la carne y los lácteos. Su población era muy inferior a la de China, mas formaban una grave amenaza. Armados con potentes arcos compuestos y a lomos de sus pequeños ponis esteparios, veloces y muy resistentes, los guerreros nómadas se apuraron a lanzar ataques sobre los Estados del norte de China.
Los emperadores ensayaron diferentes estrategias para defenderse de la amenaza de estos nómadas. Una de ellas era la muralla protectora. El primer emperador, Qin Shihuang di (doscientos veintiuno-doscientos diez a.C.), edificó una línea de fortificaciones que unía las levantadas por Estados precedentes y englobaba toda la frontera. Entonces, la dinastía Han trató de supervisar a los salvajes a través de sobornos (camuflados como subsidios) y campañas de conquista en la estepa, al unísono que edificaba una nueva Gran Muralla. Los nómadas, por su lado, pronto aprendieron que podían emplear sus incursiones no solo para conseguir botín, sino más bien como procedimiento de presión para acrecentar el volumen de los subsidios, en forma de objetos de gran lujo, en especial seda.
A lo largo de los próximos mil años se sostuvo un cierto equilibrio entre chinos y salvajes, hasta el momento en que a principios del siglo XIII un jefe mongol llamado Temujin logró aunar la estepa y reinició el ciclo de ataques al norte de China para obligar a los chinos a mandar subsidios y a comerciar. La resistencia encontrada llevó a Temujin, transformado en emperador de los mongoles con el nombre de Gengis Kan, a lanzarse a la la conquista de China. Esta empresa sin precedentes para un nómada sería completada por su nieto Kublai Kan, quien aparte de ser kan de los mongoles creó una nueva dinastía, la de los Yuan.

Gran Muralla China: Los Ming en el poder

Los Yuan fueron depuestos por una revuelta campesina, y en mil trescientos sesenta y ocho la corte mongol evacuó su capital y se refugió en la estepa. La nueva dinastía reinante en China, los Ming, realizó una beligerante campaña de ataques a la estepa con el propósito, primero, de impedir cualquier intento de los asilados Yuan para recobrar su trono perdido y, después, para sostener a los nómadas a raya. Mas los Ming pronto verificaron que su poder militar no bastaba para doblegar a los nómadas: en mil cuatrocientos cuarenta y nueve padecieron una horrible derrota en la batalla de Tumu, y exactamente el mismo emperador, Zhengtong, cayó preso de los oponentes.
Desde mediados del siglo XV, los Ming pasaron gradualmente en modo defensivo. El gobierno consideró en reiteradas ocasiones la opción de mandar subsidios a los nómadas para contenerlos en sus dominios, mas esta era una medida impopular tanto para los diferentes emperadores para los funcionarios civiles, por el perjuicio que ocasionaba al tesoro. La consecuencia de ello fue que los mongoles redoblaron sus ataques sobre la frontera para obligar a los chinos a comerciar. Como aseveraba en mil cuatrocientos cincuenta y nueve el Gran Secretario Li Xien, los mongoles «son una catástrofe para China solo pues precisan desesperadamente ropa y comida». No es exagerado aseverar que los Ming fueron la dinastía de toda la historia china que padeció más ataques por la parte de los nómadas.

No sería hasta mil quinientos setenta y uno en el momento en que un cortesano, el ministro Wang Chung Ku, que había amontonado un enorme poder, consiguió persuadir al emperador Longqing de mudar de política. Se mandaron subsidios a la aristocracia mongola y se establecieron mercados en la frontera, con lo que se logró reducir el número de ataques mongoles y el gasto del dispositivo militar chino en la frontera.

Gran Muralla China: Una nueva muralla

Realmente, desde decenios atrás la estrategia de defensa de los Ming en frente de los nómadas había pasado por entre las soluciones tradicionales del Imperio chino: la de la barrera protectora. Los Ming edificaron una nueva Gran Muralla, si bien de peculiaridades más avanzadas que las precedentes. Al tiempo que anteriormente las fortificaciones se habían erigido empleando la tierra como materia primera, compactándola en una suerte de tapial, ahora se empleó en la mayor parte de los tramos una combinación de zócalo de piedra y alzado en ladrillo. Este sistema era considerablemente más costoso que los precedentes –se ha llegado a decir que 100 veces más–, mas asimismo resistía las inclemencias del tiempo mucho mejor.
No obstante, la eficiencia militar de esta barrera fue siempre y en toda circunstancia relativa. La frontera septentrional china padeció un número de ataques altísimo, en ocasiones por la parte de grandes bandas de guerreros, verdaderos ejércitos que podían lograr los cien.000 efectivos, mas asimismo por pequeños conjuntos de nómadas. Un caso de este último caso ocurrió en Wo Yan, en mil quinientos cincuenta y cinco. Veinte guerreros mongoles asaltó una torre en plena noche, escalando con ganchos, mas justo cuando el primero de ellos la coronaba los relinchos de sus caballos alertaron a los soldados chinos que pudieron rehusar el ataque. Sería, no obstante, un fallo presentar a los nómadas siempre y en todo momento como los atacantes.

En mil quinientos sesenta y tres, en el curso de una investigación por corrupción, se descubrió que unos soldados habían asesinado a un conjunto de mongoles tras admitir su rendición para fingir una victoria en combate y ser retribuidos en consecuencia.
Hay que tomar en consideración que los militares chinos señalados en la Gran Muralla vivían en unas condiciones durísimas. Un documento del propio ministerio del ejército reconocía en mil cuatrocientos cuarenta y tres que «los soldados en la frontera noroccidental están expuestos al viento y el frío. Ya sirvan como vigías en las torres de señales o bien como guardas en los pasos […] pueden estar fuera a lo largo de meses o bien años sin volver a su base, y sus familias y también hijos, careciendo de ropa y comida, están en una situación agobiada. Efectivamente, reciben un sueldo mensual, mas muy de manera frecuente deben gastarlo en armas o bien caballos y sus sufrimientos por el apetito y el frío son indescriptibles».

Gran Muralla China: Connivencia con el oponente

Las tropas chinas acantonadas en la Gran Muralla sostenían múltiples contactos con los nómadas, pese a la oposición de sus superiores. Los soldados chinos comerciaban a menudo con sus oponentes, actividad que, como hemos visto, era singularmente esencial para los nómadas, y en situaciones extremas los soldados podían llegar aun a abandonar. En mil quinientos cincuenta, el comandante militar de Datong, al oeste de la ciudad de Pekín, escribía indignado: «Nuestras tropas y exploradores con frecuencia van al territorio mongol para comerciar con ellos y han hecho amigos. Los 4 caudillos Altan, Toyto, Senge y Usin han incorporado torres de observación de nuestra Gran Frontera a sus campamentos. Los mongoles sustituyen a nuestras dotaciones como vigías y nuestros soldados sustituyen a sus tropas como pastores, con el desenlace de que ninguna información estratégica de nuestras defensas pasa desapercibida a los mongoles».
En numerosas ocasiones los funcionarios del gobierno probaron una enorme falta de confianza cara el comportamiento de sus soldados. En mil quinientos cincuenta y cuatro, uno de ellos acusó a las tropas fronterizas de tener tanto temor a los mongoles que, toda vez que estos cruzaban la Gran Muralla, escapaban sin siquiera pelear. Otro aseveró en mil seiscientos nueve que los guardas de las torres, inútiles de defenderse a sí mismos, al descubrir mongoles en las cercanías no se atrevían a entregar la voz de alarma y preferían fingir que no los habían visto. Asimismo se acusó a los soldados de untar a los nómadas a fin de que no les atacasen, lo que no deja de ser chocante teniendo presente la oposición radical del gobierno a este recurso. La cooperación entre los nómadas y ciertos soldados llegaba hasta tal punto que en mil quinientos treinta y tres un funcionario del gobierno aseveró que las dotaciones de las torres de observación servían de guías a las partidas de guerra mongolas a lo largo de sus incursiones en territorio chino.

Gran Muralla China: La invasión manchú

La dinastía Ming se desgastó a consecuencia de 2 siglos de enfrentamiento con los nómadas. Por si fuera poco, en su obsesión por los mongoles, desatendieron resguardarse de otros contrincantes, como los manchúes, que aprovecharon este fallo para transformarse en un poder a tomar en consideración y, cuando se desató una rebelión interna en China, atravesaron la Gran Muralla, cuya guarnición les franqueó el paso, y derribaron a los Ming en mil seiscientos cuarenta y cuatro.
Pasado el tiempo, la Gran Muralla, perdida ya su función original, se ha transformado en símbolo del orgullo colectivo del pueblo chino y en el icono más conocido del país, lo que no deja de ser irónico dado los escasos frutos que dio en la larga lucha de China por defenderse de sus vecinos nómadas del norte.

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