Un romántico crucero por el Danubio, entre castillos y paisajes inolvidables

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Quien quiera hacer un crucero fluvial en Europa difícilmente puede ignorar el Danubio. Junto con el Rin es el río más popular entre los aficionados a este tipo de viajes. Debido a que en los ríos, a diferencia del océano, hay puentes, esclusas y a veces bajos, los barcos fluviales son largos, angostos, más bien planos y tienen poco calado Empezamos el crucero en Passau, una ciudad en el sur de Alemania donde confluyen los ríos Danubio, Eno e Ilz. El viaje pasa por Melk, Viena, Budapest y Bratislava, ida y vuelta. Fortalezas, castillos, viñedos, pueblos y pequeñas islas van pasando lentamente. Ciclistas saludan desde la orilla cerca de Melk, en Austria.

Poco más de 300 metros separan el “MS Vista Fidelio” de la orilla, una distancia que, de ser necesario, se puede cubrir a nado. La temperatura del aire es de 20 grados, la del agua 15 grados. Ningún problema, pues, en caso de emergencia. Pensamientos como este probablemente asalten brevemente a cualquier pasajero de un crucero, sea en el Canal de Panamá, en el vasto Atlántico o frente a las costas de Tenerife y Puerto Rico. Uno de los muchos motivos que hacen atractivo un crucero fluvial es la cercanía con la orilla, y no solo por los encantadores paisajes. Esta cercanía les da sobre todo a personas mayores una sensación de seguridad en eventuales casos de emergencia, dice Helge Grammerstorf, director de IG RiverCruise, la asociación de navieras fluviales que operan en Europa. En el viaje que hacemos por el Danubio, la edad media de los pasajeros es de 66 años.

Entre las excursiones organizadas más populares destacan en Viena los palacios de Schönbrunn y Hofburg, así como el barrio de Grinzing. En Budapest también son muy solicitadas las excursiones a la puszta. A algunos pasajeros no les gustan los grandes grupos, por lo que prefieren hacer excursiones individuales. En Budapest, una visita a un café también puede ser un momento culminante del viaje. Las animadas calles con sus hermosos edificios antiguos invitan a pasear y a observar a la gente. En el café “Nagyi Palacsintázója” hay más de 50 variedades de crepes, una especialidad húngara. Los crepes se sirven, entre otras cosas, con nueces, nata montada, canela y chocolate pero también con carne de cerdo.

La mayoría de los embarcaderos donde atraca el crucero están situados cerca de los centros de las ciudades. En Viena, muchos pasajeros caminan por la orilla del Danubio hacia la parada del tranvía y después de un viaje de 25 minutos ya están en el centro. En Budapest, el barco echa el ancla casi en el corazón de la ciudad. Si a usted le gustan estas metrópolis, debería estudiar el itinerario antes de hacer la reserva. Algunos cruceros permiten una estancia de más de 24 horas en tierra. En Viena, no pocos pasajeros noctámbulos solo vuelven al barco para dormir un par de horas y desayunar.

El barco recorre en el Danubio exactamente 1.158 kilómetros, entre Passau y Budapest, ida y vuelta. Poco más de 70 barcos compiten entre sí en este trayecto. El crucero pasa por 11 esclusas, en total 22 pasajes. El viaja dura ocho días y siete noches. La esclusa más estrecha es la de Gabcíkovo, al sureste de Bratislava. Junto a ella se encuentra la central hidroeléctrica homónima, que se alimenta del Danubio y desvía una gran parte del agua hacia un canal enorme. Una de las dos cámaras de la esclusa casi nunca funciona.

“Toda la técnica se estropea con facilidad”, dice el guía. También hoy hay seis o siete barcos haciendo cola. En cada esclusa, el capitán, Alex Kovtun, y su tripulación tienen que trabajar con mucha precisión. La mayoría de los pasajeros lo toman con calma, hacen películas o sacan fotos y brindan con vino y agua. El “Fidelio” tiene capacidad para 147 pasajeros. Tiene 110 metros de eslora y unos 1,45 metros de calado, lo que evita problemas cuando baja el nivel del agua. Los camarotes con ojo de buey en la parte inferior del barco son los más económicos. A algunos pasajeros les irrita el ruido de las olas que golpean el barco a la altura de esos camarotes. Pero bueno, siempre hay muchas cosas que ver en la cubierta, porque la orilla siempre está cerca.

 

| Nota publicada por Diario PERFIL

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